Royal

¡Jesús, qué furor actualizador!

Soy un carrusel de emociones. Y un borbotón de sentimientos. Y esto me temo que es un muy mal combustible para el flujo de incontinencia verbal bajo el que estos días disparo post sí, post también. Porque lo aventuraba en la anterior entrada: estoy haciendo el canelo.

Sé cómo funciona esto del diario: la primera semana escribes como una metralleta, la segunda como un revólver de tres balas…para acabar soltanto postas de vez en cuando, hasta que te aburres. Supongo que ese va a ser mi caso. Y normalmente uno hace una entrada autorreflexiva de “por qué estoy haciendo esto”…pero mucho más tarde. Creo que es un poco…vamos a decir “triste” hacerlo ahora, pero supongo que me está bien empleado.

Bueno, pues no sé qué estoy haciendo. Quiero decir, este diario no tiene un objetivo concreto. Supe desde el primer momento que es una idea ridícula (¿un blog?…¿un blog?…todos odiamos esa palabra) ¿El objetivo es desfogarme al respecto de lo que estoy pasando?  No, no creo que sea eso. No me ayuda a sentirme mejor. Además, este diario tiene el firme propósito, igual que el que escribe, de superar estas circunstancias cuanto antes mejor, y así poder dedicarme a arreglar el mundo salvando a pobres huerfanitos mientras reseño los revientapistas de la semana. Va a ser muy muy muy muy difícil, nunca me había visto en otra igual, y requiere una dosis de fortaleza y valentía que no sé si poseo. Pero con unos cariños de mis amigos, dos nuevos balcones y mi cuenta de rapidshare tengo que estar decicido a intentarlo. Yo cuando me entusiasmo, ya verán, no hay quien me pare.

Al respecto de lo que me ha pasado estos días intentaba ir con pies de plomo para no pasarme de listo y no desfigurar la realidad, ser un poco neutro e inofensivo…pero se ve que no lo he conseguido. Me hubiese gustado parecer menos dramático y haber espolvoreado todo con más azúcar glass…pero bueno, lo estoy pasando bastante mal (es eso sólo: cinco palabras) y pensaba que quizás escondiéndome detrás de las imágenes y de las metáforas pensaba que tenía licencia para matar. No es así, baby. No por algo esto se llama como se llama: siempremequivoco.

Ya se me ha hecho saber que no he sido nada inocente ni inofensivo, que he asustado a más de uno y que todo esto genera un estrés que no me gusta ni media pizca. Pero ni media.

Y hay un aspecto que no sé por dónde coger y me tiene muy confuso. Se trata de la abismal distancia que al parecer existe entre la forma en que me desenvuelvo en el mundo real (tímido, de pocas palabras, con poco que decir) y lo que escribo (excesivo, atolondrado, impúdico, obsceno a veces). Evidentemente yo estoy en mi propia cabeza y todo parece tener sentido (¿?), pero es obvio y evidente que me hace parecer un ser disfuncional y retorcido. Y eso tampoco me gusta un pelo.

No me hace nada de gracia que alguien que conozco y quiero se pregunte quién este tipo y de qué coño va. Y que piense que en persona me muestro abúlico porque soy un puto vago y no me quiero esforzar porque no vale la pena. No es así, lo juro. Yo no creo que sea esa la razón. Yo lo que quiero ser es entrañable, ser una presencia agradable y calentita, cero amenazador. Quiero ser el vecino encantador que pone flores frescas en las ventanas, y no esa especie de Mr Hyde que se afila los colmillos en la oscuridad de su establo. Y porque es verdad, soy un poco disfuncional y en la vida real se me atropellan las palabras en la boca y se me hace bola. Es una cosa muy frustrante pero seguro que le pasa a más gente, ¿a que sí?

Yo creo que cualquiera que se ponga a teclear sobre sí mismo da una imagen distorsionada…porque a veces te optimizas, abultas los bultos e inevitablemente te pasas de frenada. Sobre todo si vives situaciones que te ahogan, pues lo único que se te ocurre es chapotear en pelota picada para ver si consigues mantenerte a flote. Y si no hay flotador al que agarrarse, ni te cuento.

Yo creo que esto es un “ejercicio” (¿de qué?). Y es intencionalmente impúdico en ese sentido. Yo pensaba que tenía cierta gracia aparecer tan desnudo. A mí por lo menos me encantaría leerlo de otra persona, porque soy un jodido curiosón. Pero claro, no soy el único que está en la pista del circo, y el contraste de ¿dos personalidades? quizás sea una receta demasiado heavy. Y yo, paleto enemigo de lo dulce-salado, debería saber que hay mezclas que no funcionan. Si efectivamente lo que genera es rechazo o desasosiego tengo que intentar cambiar el chip, aunque a ver dónde consigo yo un solpete mental para las soldaduras.

Es que al final yo lo que quiero básicamente es…arrejuntar letras. Y hala. Me lo paso como un mico (hasta que me aburra) haciendo encajes de bolillos, sacando conejos de la chistera y jugando al veo veo de a ver si adivinas lo que yo quiero. Me encantan las sorpresas, y hacer malabarismos mientras guiño un ojo. Y probablemente lo que ocurra es que no tengo mucha imaginación para hablar otra cosa que no sea de mí mismo, así que me dedico a retorcer mi propio espejo hasta convertirlo en un burruño.

Pero lo que más me gusta son las mongoladas. Y repetir mil veces una frase hasta que pierda el sentido, y hacer rosquillas de risas y que la gente a mi alrededor piense que soy un tonto encantador. No sé, cosas diver. No sé si me explico.
¿Cómo se come todo eso con el personajo que ha aparecido en las entradas anteriores? Lo ignoro y te compro un loro, pero a ver si con el tiempo soy capaz de crear una argamasa que, bien horneada, dé como fruto unas magdalenas Easo, de las de casa de toda la vida.

Jobar, la de tiempo que hará que no me como yo una magdalena…

¿Magdalena o madalena?

Frotis frotis

Ayer noche ligué mogollón

Sé que es espantosísimo de feo decir esto (y seguramente mentira, aunque yo lo cuento como lo he vivido), pero así:
1-    Empiezo con una frasecita intrigante para generar tráfico y expectación: ¿Qué lúbricas confesiones se esconderán tras ella?
2-    Me subo el Yo, que en estos momentos de resaca y tras haber visto anoche a C sin esperarlo, lo tengo bajo el manto terrestre. Concretamente en el “núcleo interno” de nuestra madre tierra, recociéndose a una temperatura de entre 4.000 y 5.000 centígrados grados.

Cuando hablo de ligar me refiero a esa ensalada de miradas, codazos, apretujones y frotamientos que “tú ya sabes” y que se tercian en las noches capitalinas con harto frenesí. Hacía muuuucho tiempo que no tenía esa sensación. Primero porque hasta hace relativamente poco el menda estaba inflado como un manatí y segundo –ay, ya estamos- porque había renunciado al contacto carnal con cualquier otro ser humano sobre la tierra que no fuese C, y tan feliz como una perdiz.

No es que ayer ya me pusiese a cargar la escopeta del tiro al pichón, ni mucho menos. Pero de repente en la disco me vi en un par de inesperados revoltijos a los que estoy desacostumbrado. Al tercero, ya tomé conciencia de la situación y me dije cuate, aquí digo yo que hay tomate.

Aclaro: el tomate, claro está, no llegó al río (buuuu buuu). Y no llegó pues porque soy una herida abierta y porque tengo esta manía horrible de estar encaprichado (podría decir otra cosa, pero no la diré) hasta el tuétano de la única persona a la que me apetece hacerle unos arrebujitos, la única que hoy por hoy me parece besable, abrazable y fornicable de este santo mundo.

Y lo sé, lo sé, lo sé, no debería pensar esto, ni mucho menos decirlo, y muchiiiiiisimo menos publicarlo (esto me costará caro, estoy seguro) pero me amparo en que hoy he dormido sólo tres horas y en que me encuentro en un estado de desvergüenza torera que flipo con flipper. Y además qué voy a hacer: ¿mentir? Dios no quiere que los hombres mientan, ¿no lo saben?

Bueno, pues eso. Hoy cuando me desperté en mi cuarto (aka la habitación del pánico) y empezaron a asaltarme los fantasmas que siempre me dan los buenos días y las buenas noches, volví a cerrar los ojos de nuevo para ahuyentarlos. Pero estos fantasmas son unos hijos de puta de la peor especie, que me tienen la cabeza como unas maracas, así que centré mi foco mental en las hazañas bíblicas de ayer noche. Y me di cuenta de una cosa: seguro que le saco a todo disco-quisque 10 años. Fijo. Y también pensé que yo no quiero eso en mi vida. Yo no quiero ciruelos inmaduros que se caigan de los guindos, que a mí me ha costado mucho llegar hasta aquí. Uf, uf, uf.

Aunque también he de pensar que está visto que lo que yo quiera  o no, no cuenta.

Bueno, pues veremos qué nos depara el ritmo de la noche. L me dijo ayer que una de las mejores formas de superar El Hundimiento del Titanic era salírselo todo e intercambiar fluiditos del placer con todo bicho viviente. Y yo le dije que mucho me temía que esa no era una solución para mí. Las temporadas (¿?) que hice algo parecido fueron harto infelices, llenas de encuentros-desencuentros, gente absurda, dependencia telefónica, expectativas en la basura y sálvese-quien-pueda. Soy muy torpito.

Y yo no sé si leerás esto L, que yo te quiero mucho, pero como me entere de que le das el mismo consejo a C, voy y te capo.

Porque de todo lo horrible (lo siento mucho, es MI tristeza) de esta situación hay una cosa que me atenaza y me aterroriza y me deja sin respiración de una manera que yo nunca había sentido. Sólo recuerdo agobio parecido la víspera de un tochísimo exámen de Administrativo en cuarto de derecho, cuando pensé que se me había pasado la fecha. Casi me desmayo. Lo que pasa es que aquello fue unos minutos, esto es todo el rato. Y me refiero a la idea-plancha de, claro, verlo con otro/s.

Manda cojones que yo haya sido la ameba del celo, es decir, cero celoso. Pero cero patatero. ¡Y manda cojones que se me echara en cara! Y que ahora tenga que andar con estas milongas…pero es que no puedo. No puedo. No puedo y no puedo. ¿Saben lo que es no poder? Pues eso y más. Esto se lo he dicho a él, es de los pocos arrastres indignos que he acometido en todo este trance. (No está mal, ¿no?…la verdad es que he visto cosas peores…pero aún hay tiempo para empeorarlo, amigos). El otro fue pedirle un polvo el otro domingo, pero yo juro que era sólo por descargar.

No hubo polvo.

Claro, con todo este panorama pues dime tú cómo voy a salir de ésta. El juez me ha dictado unas medidas cautelares superbestias: condenado hasta no se sabe cuándo a una pena -¡y tanta!- de alejamiento físico y químico. Me tronza el alma no verle…y también me la tronza hacerlo. Ayer por la noche fue el cumpleaños de I y yo estaba convencido de que C estaba en sus tierras y no vendría, por lo que salí de casa piernilargo y tranquilo, oliendo a mi perfume de 125 leuros que se va a los tres minutos.

Así que cuando D y R me dijeron que NO SE HABíA IDO me dio el siroco. Primero decidí no ir a la cena. Pero claro, yo solo un viernes por la noche en mi casa era sinónimo total de muerte y asco en las Vegas. Y pensé: la rayadura ya no me la quita nadie, el daño ya está hecho. Así que me ajusté mis bermudas y fui.

Bueno, fue básicamente horrible. Aunque yo bebía mucho vino y el bueno de R estuvo ahí dándome conversación y candela, no pude mirarle a los ojos de C ni una vez. Mucho menos dirigirle la palabra. Pudiese parecer que yo estaba enfadado con él (lo intento, lo intento), cuando en realidad rabiaba por saltar por encima de las pizzas margarita para darle unos achuchones, llamarle borrachito y preguntarle cómo me podía hacer esto. Pero eso es algo que nunca ocurrirá.

Aviso a navegantes: si algún exnovio que se llama con la letra C de nombre lee todo esto y le da por creerse más importante que el disco de Cut Copy por aparecer -por ahora- en todas las entradas de este diario, desde aquí le digo que no se ponga muy chulito. Porque en el momento en que se produzca la estampa “primeras confesiones con mi nuevo novio: háblame de tu ex” (lo dejé YO, se volvió loco e hizo un blog) le caerá el techo sobre todo el cartón.

Y a ver quién ríe el último

Correverás

Pongo en antecedentes: me ha dejado mi novio y  estoy muy falto de hierro, sobre todo al comprobar cuán poco pesa ahora mi llavero.

Claro, yo sé que lo que tengo que hacer es ponerme a mirar las cosas de fuera. Pero es que resulta que ahora éstas me importan tres mierdas. O peor, que cuando me fijo en los acontecimientos éstos se transforman como si me hubiese comido tres setas. Y eso que yo nunca he probado las setas.

Por ejemplo el otro día estábamos D y yo en la óptica, porque yo a D lo sigo hasta el fin del mundo y a segundas y terceras dimensiones ópticas si hace falta. Y como esta temporada lo que intento es sustituir los sentimientos por el consumo pues le dije al señor óptico que me probara unos cristales a mí también. Gradúeme buen señor, pensé.

Se trataba de una óptica antigua, y bajamos al sótano. Allí, en una habitación vintage de esas en las que puede aparecer en cualquier momento un cernícalo disecado, el señor óptico me sentó en la silla de ver chiribitas. Poco a poco, como en la aventura del saber, aquellas hormigas confusas fueron tornando en letras aún diminutas. ¿Qué lees, hijo? Y yo: dame una S, dame una O, dame otra S, así en código morse.

-    ¿Mejor así?, preguntaba mientras iba ajustándome las ruedecillas del ojómetro.
-    No, mejor no. Yo es que creo que esto no tiene arreglo, se mire por donde se mire.
Cuando tras un buen rato de cristalografía el Doctor Ojos acabó de ajustarme los ídem, se paró y concluyó:
-    ¡Macho, estás ciego! Dos dioptrías de astigmatismo en cada ojo.
¡Tate!…No me pude resistir. Di un chimpo,  lo cogí de los hombros y mientras lo sacudía le solté:
-    ¿A que sí señor doctor?…¡Esto lo explica todo!…¿a que estaba ciego?…¿a que sólo un potencial discípulo de la ONCE es capaz de dejar escapar lo mejor que le ha pasado en su vida por las cataratas abajo? Le juro que yo no veía, ¡la ciencia me avala! Cúreme, señor doctor.
-    Es que no sé si puedo.
-    ¿Cómo no va a poder? ¿Acaso le han dado el título en la universidad del profesor Maurer?
-    No, pero si te pongo los cristales que tú quieres creo que va a ser peor el remedio que la enfermedad. No ahora.
-    Pero yo quiero ver perfectamente, pero…¿no ve cómo estoy? ¿Quiere que me rompa la crisma?…es más: ¡Quiero unos cristales de EFECTO RETROACTIVO!
-    No debo hijo, perderás tu encanto. Y también parte de tu encantamiento.
-    ¿Está usted loco?¿Pero qué mierda es esto?…¡sáqueme de aquí!
-    Sí, mejor que subamos
-    ¿Y no me puede dar un justificante?…necesito demostrar que lo que me acaba de decir es cierto, por favor…¡sé a quién llevárselo!
-    No, lo siento.
…………………………………
Subimos, yo pagué mis nuevos pero insuficientes lentes y D encargó los suyos que le hacen parecer el nuevo jefe-in-chief del departamento de cosas marvellous de Condé Nast.
Así que, bueno,  ahora al menos no estoy del todo solo, mis dos dioptrías me acompañan cada día todas majas a mi ración de paseo al Corte inglés de Callao. Y cuando me pongo los nuevos cristales a través de los cuales voy a  tener que ver la vida pasar me entran mareos, pero supongo que lo que me toca es aguantar la respiración hasta que me acostumbre. ¿O era al revés, inspirar y espirar bien hondo?

Bien, puedo ir haciendo pruebas en el balcón de mi nueva casa, que ahí hay aire a barrer. Es un 4º altísimo al que ayer me asomé por segunda vez súper acojonado. Tengo vértigo… y además ayer pensé que ugh, ugh, es un balcón igualico igualico con el que vengo soñando desde que tengo uso de miedica razón, del que me caigo en sueños y porque sí.
Bueno, porque sí no, supongo que en la Academia de los sueños lo de caerse por un balcón tiene un significado preciso, y sólo rezo porque no sea una señal de traumitas sexuales o sensuales que pugnan por salir, explotar y desconcharme la psique.

De esto hablaremos otro día. Pero no teman, yo tirar no me tiro. Que se tire Perry.

……………………………………
Lo que les decía: yo intento poner el ojo y la gafa en la actualidad. Yo veo –o eso quisiera- estos días la convención demócrata y aunque me resulta imposible entusiasmarme por algo, veo que conservo mi moquillo pro-Obama, del que daremos rendida cuenta de aquí hasta que me canse.
Pero pero pero. Ay. Mucho me temo que en esta convención yo sólo he tenido ojos para ella, para quién si no: HILLARY. Siempre me cayó fenomenal, pero ahora…jobar, ahora lo que de verdad me gustaría es encontrármela, cogerla de las manos en su traje de chaqueta color naranja y quedarnos mirándonos a los ojos. Ella me haría un gesto de madre comprensiva y yo me encendería de emoción.

Sí, Mrs Clinton, los dos sabemos que hemos perdido, que hemos sido un poco brutos unas veces y torpes otras tantas. Y muy, muy soberbios. Confiábamos tanto en que una especie de justicia universal nos iba a compensar de una vez por todos los momentos oscuros que habíamos vivido en el pasado… Al fin y al cabo tampoco era tan descabellado pensarlo, ¿no? Y puede que no nos mereciésemos esto.

Ambos sabemos que nuestro momento será usurpado en breve por otros que vendrán, más jóvenes y arrogantes. Y que poco podemos hacer más que echarnos a un lado y dejar de ser protagonistas de una historia que, sí, estábamos convencidos que estaba escrita para nosotros.

Lo tuvimos, ¿eh Hillary?

También sabemos que hoy nos hemos suavizado, optimizado y que estamos en un momento en el que podemos dar los mejores discursos de nuestra vida. La gente nos lo dice: “oh, sí, mejor que nunca” ¿De qué nos sirve?
Pues para que la pena nos parta como un hacha cuando, cogidos de la mano, miremos al horizonte y veamos un auditorio de 75.000 personas aplaudiéndonos en pie mientras nosotros pensamos con cierta amargura: mira lo que has perdido, América.