La Sierra de Alabarracín

Pues cuando las cosas son feas.

Cuando se te cae la caja de cereales al suelo y se diseminan los copos como termitas bajo las tundras de la nevera, inalcanzables en su conquista mongol.

Cuando el chico que te gusta se aleja entre esa niebla que se te instala en la boca del estómago, en precisos momentos en los que sólo puedes hablar en mancos signos (de mierda)

Cuando todo se bambolea. Porque las cosas se bambolean de verdad. ¿Acaso no? Ondulan así para los lados produciendo el sibilante sonido de la uralita mentirosa.

Hay cosas feas como descubrir las tensiones entre las parejas, que se arquean y se encogen al son de un acordeón borracho que alguien toca con los dedos pegados.

Hay cosas feas como el desánimo, las desgana, los aviones que se caen y las duchas sucias.

Hay mañanas cerbatánicas que juegan a agotarte, porque tienes que agarrarlas por donde las cobras vivas, todo el rato esquivando sus embistes como si driblases un bebé afilado.

Yo sé que hay cosas feas. Las justas.

Después hay otras cosa feas que no sé y que no oso saber, y dios quiera que no sepa nunca.

Sea como sea, en cualquier caso, y por muy feas que sean las cartelas de Berlusconi, la grasa vitrocerámica, las noches en vela y ciertos enemigos.

Está Cecilia.

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¿Que quién soy?...¿Y tú me lo preguntas?

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