Anillos de Saturno

Pues estaba en el súper de marca Covirán (que me sigue dando mucha confianza, a pesar de la brillantina del Carrefour express que han abierto al lado de mi casa y del que otro día hablaremos), cuando en el sitio de las frutas un viejo más o menos bien vestido y solo, fue cogiendo uno a uno todos y cada uno de los paraguayos que había en la caja (qué dentera me da, la piel de esas frutas con vocación de libertador sureño) los toqueteó y después devolvió a su sitio. Sin comprar ni uno.

Eso, eso, eso y no otra cosa, es lo que me ha traído hasta aquí.

– ¿Hasta dónde?
– Hasta aquí. La empuñadura del cabalogrande.

Saquen ustedes sus propias filminas. Sobre los miedos, las cosas que se esperan y las luchas intestinas contra mi barrriga. Yo lo llamo, saben, el Síndrome del Tío Ramiro.

Pues mientras llega el tal tío Ramiro yo me dedicaré a vivir estrechito estrechito, que es el espacio en el que cabe un empalme.

Hace moito tiempo que no venía yo por el cabalogrande. No sé muy bien por qué. En serio. ¿Tengo cosas que decir, que pensar, que sentir? Supongo. Lo curioso es que no me importa mucho. Son cosas de las pastillas.

Bueno, a ver.

– Lo que más recuerdo de los últimos tiempos recientes es la total fascinación por la actualidad. Creo que me sorbe vivo, y ya no necesito mucho más. Claro que necesito que pasen cosas DE VERDAD, nada me aburre más que los incendios quemantes y los marchitos presos de la ETA. Estoy un poco decepcionado con este agostito esmirriao, reconozco. Yo desde Fukushima pido calidad en el pasmo. Pido cosas mundiales. Hiperbólicas. Magnififíficas. Y el previo verano me tuvo y me sostuvo a base de bien. Que me gustan unas cuatro columnas. La anchedad de ostras. Estoy superentretenido, pues ya saben, en las economías, los rescates, los plus ultra, los abismos, los precipicios, los cambios de rasante que se otean y que nos van a dejar un dolor de huevos estable, dentro de la gravedad. Ogh.

No voy a hacer aquí una análisis político de las cosas que han y están a punto de suceder. Mi Yo político (un señor con el que tendría un sexo frenético) creo que está cambiando de tendencia y dejándose llevar por las procelosas corrientes del descreimiento. Yo siempre he sido un grandísimo defensor de la política, de los políticos, de los partidos y del sistema. Lo sigo siendo (pienso en ello las veces que voy al gimnasio como a las ocho de la mañana y me encuentro allí al ex ministro Juan fernando López Aguilar, hecho una anguila enjuta, practicando una tabla de ejercicios frenética y carente de sentido), pero cada día que pasa hay tantas y tantas evidencias de que toda esta mierda tiene su origen en la trapacería, el nepotismo y la falta de talento… no hablo sólo de los políticos, sino también de los empresarios, y de la gente con poder y con capacidad de tomar decisiones que de una u otra forma afectan a la vida de los demás. No me creo que no haya nadie en este país con vocación, carisma y talento para Do The Right Thing a su alrededor. Pero lo cierto es que no se ve, no se ve, no se ve.

Yo tengo claro una cosa: el actual gobierno caerá por su propio peso y ná le pido (ay Fátima Bañez, Cabezabuque, cómo se puede ser tan lercha, tan lerda y tan víbora con ese cabezón… hay algo que no me encaja en ese yunque humano), pero le echo todas las culpas del mundo y de verdad creo que deben responder por sus actos los miembros del anterior zapaterísimo. Creo que un gobernante debe ser más inteligente, sagaz, atrevido, responsable, sensato, precavido y un largo etc que los conciudadanos a los que sirve. Tu puta obligación es ser más listo que yo. Porque tienes los medios para ello. Que hayamos llegado hasta aquí es una muestra de necedad e irresponsabilidad que la historia castigará, y es por ello que yo pido ya cuentas a los que por acción por omisión arrastraron el carro hasta aquí. Igual que cuando pensaba que no había decisión más crítica y definitoria del mandato de un gobernante que el haber decidido sobre la vida y muerte de las personas (en el caso de Aznar y la Guerra de Irak, por la que arderá en el infierno por mucha tableta de chocolate tras la que se ampare), creo que la responsabilidad de quien gobernó esto es radical. Radical. Sin justificaciones de entornos, internacionalismos, mareas vivas o la madre que parió a las chinches. Es tu puta obligación. Es tu deber. Y que hayamos acabado así sólo demuestra miseria de corto alcance.

Veremos.

Muchas veces pienso en ¿adivinen? yo. Mi Yo Persona Adulta (un señor con el que no tendría ningún tipo de sexo, pero al que cogería de la mano, como animándole) y mi responsabilidad en todo esto. Creo que tengo, junto al zapaterísimo, una gran culpa. Lo digo en serio. Yo he vivido por encima de mis posibilidades, me he dejado llevar y no he sabido ver más allá de mi frenillo. Fuego camina conmigo total III. Lo que quiero decir es que si es legítimo que proteste, denuncie y me intolere con cosas de las que yo a veces he participado. Por ejemplo yo he cobrado dinero sin haber preguntado su naturaleza, o sin haberme parado a reflexionar sobre la legitimidad vital de su adquisición, sólo por participar en una rueda de hamster de un absurdo que rozaba el histerismo. ¿Tengo derecho a demandar vitroclen cuando debía haber cogido las riendas y fomentar una autovida más justa en sus justos términos?

Jo. La verdad es que no lo sé. La vida es tan terrible y tiene tantos manchurrones de polvo que… aunque yo creo que sí, creo que hay que exigirse siempre ser mejor. Por muy cobardes de bote que seamos -que lo somos.. yo lo soy- creo que hay que ser un poco firmes, cerriles, decididos. Muchas veces, cuando se nos olvidan los principios porque estamos sin un duro o realmente cachondos, creo que hay que saber morderse el labio. Contar hasta diez. No todo vale. Hay muchas películas, libros y series de televisión que asombrosísimamente hablan de ello, yo lo flipo y me atengo a eso muchas veces cuando me admiro hasta los anillos de Saturno con la gente que apuesta apasionadamente por sus principios. No me refiero a ñoñerías morales ni nada de eso, sino a la gente que se juega DE VERDAD la tranquilidad de su entorno, los paseos de los domingos, las piscinas públicas, el sueño de sus hijos, las promesas de futuro, amar a alguien, su vida… por hacer lo correcto. Por hacer lo que está bien.

De verdad, pienso mucho en ello.

Estoy un poco moreno.

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¿Que quién soy?...¿Y tú me lo preguntas?

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