- ¿Qué tal, Maribel?
Maribel es alta como un flexo, y en su bata de farmacéutica deja caer de un lado una melena de colegio de monjas. Maribel está muy bien considerada en la farmacia de las veinticuatro horas porque, a pesar de ser muy tímida, atiende muy bien a los clientes y siempre se presenta muy dispuesta.
Pero al escuchar esas palabras, asistí a cómo Maribel se puso colorada como una cortina.
- Ah, hola.
Gorra en mano, pantalón metido en las botas, sonrisa de domingo, se presenta el policía municipal Arturo y su uniforme. Arturo está, básicamente, buenísimo. Dos pasos por detrás está su compañero que se hace el despistado mirando cremas de juventud.
- Soy Arturo…. estuve aquí el otro día por lo de la señora…te acuerdas de mí?
Maribel hace como que teclea algo en el ordenador de los cobros. Sus orejas están a punto de explotar.
- Sí, sí… me acuerdo.
Tiene una sonrisa un poco chulesca Arturo, son muchos años de ser guapo. Pero la atención que presenta a una chica como Maribel, no apabullantemente guapa, pero sí candorosamemente atractiva, nos dice algo en favor del policía. Quién sabe si acaba de dedicir dejar de ser un vivalavirgen.
Saldrían unos hijos altísimos, de la farmacéutica y el policía.
- Bueno, nada…que pasábamos por aquí mi compañero y yo, y le dije vamos a entrar un momento para preguntar por la señora, que si iba bien y eso. Vamos, para interesarme.
Yo ahí pensé: Maribel, si no lo quieres tú, dame a mí la fuerza de orden público, que me hace mucha falta.
- Ah, pues está bien, el otro día vino su hijo a darnos las gracias y nos dijo que no tuvieron que ingresarla ni nada. Ya le diré que ha preguntado.
Y una sonrisa brotó en Oriente.
Y no sé, yo estaba allí contemplando la escena, intentando que no se notase que espiaba tanto como el compañero policía…y veía a Maribel con sus mejillas encarnadas, y al policía que quiere tener uno o dos hijos con una chica sin mechas, y malcriarlos un poquito los domingos por la mañana, y Maribel parece tan educada, porque atiende a los clientes siempre con una sonrisa, que ayudó a aquella señora con el cariño del que…¿sabes?…del que se ve muy poco con los desconocidos.
Y los veo, a Maribel y Arturo el policía, entre toda esa montaña de medicamentos, y a pesar de MAD MEN, a pesar de cuánto moja la lluvia en domingo, a pesar de los termómetros….deseo, deseo, deseo que una noche vayan a cenar a un sitio muy fino, y Arturo pose su mano sobre la de Maribel, y ésta sólo sonría porque entonces, en esos momentos, ella sólo es capaz de decir…que está…está….está a punto de…de estallarle el corazón.
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4 Comments
bonito…
Estás inspirado
Blas, Blas…
Coño, lo digo en serio