Devo






Yo viví un pequeño terremoto.

Bueno, he vivido varios. Pero por mucho que nos hayan sacudido los temblores de dentro, nada, nada se iguala a la fuerza de la naturaleza.

Aquel terremoto creo que fue una navidad, yo estaba en casa, en Natal. A la una y pico de la mañana un rugido colosal nos hizo levantarnos a mis padres y a mis hermanos, y en pijama nos colocamos bajo los marcos de las ingenuas puertas.

Aquel inmenso ruido se convirtió en temblor, y recuerdo perfectamente el traqueteo de las cerraduras, así como el miedo en los rostros de mi padres.

Aquel día comprendí que había cosas de las que ellos, por mucho que nos quisiesen, nunca iban a poder salvarnos.





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