Como tengo esa manía de ir siempre a lo peor, voy a hacer un esfuercito para relatar un pequeño acontecimiento al que dar un Aprobado +.
El domingo, después de haber salido lo más grande, me levanté como a eso de las tres de la tarde. Ya tenía tal atore en la cabeza (“¿quién soy?”, “¿a dónde voy?”) que mi instinto me llevó a tirar en plan supervivientes por el camino de en medio.
Llegué en pijama todo despeinado a la cocina, y mientras me rascaba los huevos de esas veces que te rascas los huevos como si fuese un código morse, vi que en la nevera había un pollo entero. A ver…un pollo-pollo. Pollo pájaro. Que el otro día descubrimos que un pollo es un gallo adolescente, todo lo más. No gallina. Pollo.
Un pollo crudo, vivía en mi nevera. A veces la metáfora supera a la ficción.
No lo pensé. Cogí el pollo-pollo, le rompí el envoltorio de plástico medio con los dientes (sabía que ese día no me iba a duchar) y un cuchillo, y lo agarré por un muslo. Con la otra mano me seguía rascando lo que vienen a ser los santos huevos. Previamente había abierto el horno y sacado media bandeja afuera. Icé el pollo sobre la bandeja, calculé un poco para que no saliese rodando como la cabeza de un sarraceno infiel, y lo solté con un ojo cerrado, como para apuntar. Hizo el pollo:
¡CLOUNCHF!
Miré así desde arriba para ver si el pollo-pollo paraba quieto…y paró quieto.
Acto seguido, le eché sal así al pollo-pollo tal cual había caído por el efecto de la ley de la gravedad. Un chorro de aceite. Y otro truquito que me voy a reservar.
Cerré el horno y me fui a ver mi informativo favorito de los domingos: “Encarcelados en el Extranjero”. En esta oportunidad eran dos señores ingleses que no me enteré muy bien de lo que hicieron para acabar encarcelados en el extranjero, pero se cagaron vivos. Porque acabaron en una CÁRCEL VENEZOLANA.
De toda mi experiencia en documentales de supervivencia y esas cosas, sé que no hay nada peor que una CÁRCEL VENEZOLANA. Ni cárceles rrrusssssas, ni malayas, ni hostias al horno. Queridos supervivientes, las peores son las CÁRCELES VENEZOLANAS.
Bueno, pues lo pasaron fatal en aquella cárcel venezolana aquellos dos ingleses que decían que hubiesen hecho lo que hubiesen hecho, ningún ser humano se merecía estar allí. Yo estoy de acuerdo con esos señores ingleses, hay cosas que no se merece nadie. Y bueno, ya con ese tipo de mensajes, claro, yo sentía crepitar el pollo caído del cielo, con sus ingredientes secretos en la horizontalidad de mi casa que no es una cárcel venezolana, y de qué me iba a quejar.
Pues ya fui a mirar el pollo. Cómo crepitaba. Qué promesas.
Y en menos que canta un pollo postadolescente, abrí el horno y buah. Mucho pollo había. Cómo crepitaba. El pollo-pollo.
He de decir que el pasado domingo me comí el pollo más rico que he comido en mi vida. Más que el pollo campero de las navidades presentes, pasadas y futuras, más que el pollopiedra que vendían en la cosa esta de pizzapollo, más que nada. Qué pollo tan buenísimo me salió. Lo flipé con el pollo. Pollazo. Y podría hacer un chiste, pero no lo hago que me vuelvo a poner en tristeza.
¿Que cuál es el ingrediente secreto?…¿quieren que se lo cuente?
Pues no, eso queda para mí, porque a veces se me pone esa angustia de que voy y lo cuento todo.
Y sin saber por qué lo hago.
- The Pipettes: Our love was saved by spaceman. Cardingans + Kylie levantando pollos de sus tumbas!!!!!
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2 Comments
Es que cuando uno está de resaca todo sabe el triple de bien.
Ja ja como dice RA ,Eso siempre sucede claro esta por la resaca.
Interesante Post.
Saludos.