Cuando más me acuerdo de mi madre es cuando voy a salir de casa, y tengo que ir apagando todas y cada una de las luces que dejo prendidas como si fuesen boyas de luciérnagas. Incluida la de la campana.
Que es que la estoy oyendo:
- ¡Habráse visto, a ver a dónde vas con toda esa luminaria!