La secta






En los últimos meses, después de la muerte de mi abuela, me fijo mucho en cómo miran mi madre y sus hermanas al abuelo que me queda, su padre.



Lo miran así parriba.



Como si fuese… no sé… como si ellas fuesen unas cristianas (que son regular de cristianas) y cada vez que lo ven… es como si vieran a Jesucristo. Pero Jesucristo de verdad.



Se les ponen a todas así unos coloretes… y un brillo en la mirada… que me enternece como un brote verde antiguo.



Y pienso: caray, cuánto cariño. Todas las cremas hidratantes que se echan mis tías (que no son muchas) cobran así pleno sentido.



Incluso a mi tía K, que de joven era muy jipi y muy independiente. Ahora es la que más lo cuida, y dice que ya no quiere hacer más viajes al extranjero (que ella es súper del extranjero), “mientras papá viva”.

La palabra es… es “devoción”.

Es rarísimo. Es como una secta.

La secta del abuelo.

Mi abuelo es muy de derechas, porque fue Guardia Civil después de la guerra y no sé qué más… lo cuenta en sus memorias que escribió a instancias de mi tía K, y que después encuadernó en un librito en el que cuenta su vida, así muy fino y delgado (que tampoco no iba a estar mi abuelo todo el día escribiendo).



Yo me empecé a leer las memorias de mi abuelo, y las dejé porque tengo este puto déficit de atención ocasionado por las redes sociales y por el hecho de que sólo soy capaz de leer cosas de zombies (con lo que yo fui en cuanto al hábito de lectura… menos mal que de adolescente ya me leí todos los libros esos que marcan las vidas y que hay que leer junto a plantar un hijo y escribir un árbol para sentirte lleno).



Bueno, pues lo que más me llama la atención de sus memorias es que mi abuelo de 92 años habla todo el rato de cuánto sufrió al separarse de sus padres para que lo llevaran a la guerra de joven… de cómo los menciona y los echa de menos: “mamá”, “papá”… con absoluta ternura. Yo cuando leí ese episodio y comprobé el cariño y amor que se dejaba entrever en una persona de 92 años que hablaba de sus padres (que yo los vi en una foto de esas en las que la gente -y los gallegos en particular- parecen de Rumanía o de la pobreza extrema)… jo, pues me dio que pensar y en fijarme desde entonces en los coloretes arrobados de mi madre y de mis tías.











Decía que mi abuelo siempre fue muy de derechas y del Papa, pero nunca obligó o prohibió nada a sus hijas, ellas siempre lo cuentan, jamás, jamás.

Porque mi abuelo se quedó viudo de mi abuela biológica (de la que sólo recuerdo una leve niebla… y que nos daba té con galletas) jovencísimo… y con seis niñas y un niño. Imagínate lidiar con 6 jovenzanas en los años 70 del amor libre con chicos con barba y la gauche divine. Claro, mis tías fueron comunistas casi todas… pero mi abuelo no les dijo nunca ni mú. Sólo a veces les decía a los novios barbudos de mis tías unas palabras que ahora nos dice a los nietos para reírse de nosotros (porque nunca fuimos a la guerra y no tuvimos que esforzarnos un carallo por nada) que es una de mis expresiones favoritas del mundo (con “película de fieras”, que era como mi otro abuelo C llamaba a los documentales de la 2):

– Folgazais, que sois unos folgazais!













El otro día en Natal fui a ver a mi abuelo, que tiene un porrón de nietos, pero me dice mi madre que vaya, que siempre lo agradece. Y estaba con mi tía C comiendo el pulpo (estaba bien rico ese pulpo)… y la verdad es que lo vi estupendo… me contó que ahora que es el aniversario de diamante o no sé qué coño de mineral de la Reina de Inglaterra, que se acordaba de cuándo la coronaron, que vinieron unos parientes de Argentina y pararon en la Fonsagrada… de camino a la coronación, parar en Fonsagrada!!, me decía a carcajadas. Mi tía C, que está pasando un momento personal horrible, me dio un pellizco llena de coloretes, como queriéndome decir: “¡has visto que se acuerda de todo?…. es increíble tu abuelo”.









Yo con mi abuelo hablo del tiempo, de las cosas que hay en Madrid… y no sé pr qué siempre me pregunta por o Gallardón ese… pero el otro día me acordé de que este mes es mi cumpleaños y he de reconocer que a veces cometo alguna torpeza con eso, porque… sobre todo si ligo o algo por la noche… no le digo a mi amante de diamante mi edad para que no me suelta la perorata de siempre, que es que siempre es lo mismo… aunque yo creo que eso no está bien y que hay que ser franco siempre.
Pues a cuento de eso, mientras él estaba comiendo el pulpo maravilloso, le dije a mi abuelo:

– Abuelo, ¿qué te parece que tu nieto vaya a cumplir 40 años este mes?

Y me contestó, sin levantar la mirada de aquel plato de pulpo tan rico que estaba comiendo:

РE tam̩n os cumpriron outros!




Yo sonreí. Entonces mi abuelo dejó el tenedor con el que estaba comiendo el pulpo tan rico que hizo mi tía C, me miró inquisitivo y me dijo una cosa que me hizo sentirme la persona más absurda de todo el San Froilán:

– E darache vergonza eso…

– Ehrm…no abuelo.

Y añadió:

– Que non me entere eu que tes ti vergonza de nada. De nada.


Y cogió el vaso de viñazo que toma él y que no hay quien lo trague y me hizo como un brindis en silencio.













Carallo con el abuelo.












Ya pues cuando me fui le di dos besos a mi abuelo -que bien se ve que iba a echar una siesta de antología- y también a mi tía C que siempre ha sido la seria y sensata de la familia (se parece a la Supernnany de Cuatro, creo que es la mejor forma de definirla) y que ahora está pasando un momento terrible terrible y sin sentido, en el que toda su vida se ha vuelto del revés… pues como no queríamos decir nada delante de mi abuelo yo le iba a dar dos besos pero ella me cogió y me dio un abrazo muy fuerte… en uno de esos momentos de la vida que cuando tienes 20 años te parecen imposibles fuera de las películas, porque son frases hechas que no tienen sentido y te crees invulnerable, pero que a medida que te haces mayor entiendes que la vida es como un huracán neoyorquino, un sitio febril en el que pasan cosas imposibles, y que tú o quienes te rodean sois los protagonistas de ciertos vórtices de los que no, no vas a salir indemne… y acabas diciendo palabras más grandes que todos nosotros juntos… así que mi tía C en medio del abrazo me susurró al oído con la voz un poco quebrada, refiriéndose a ella misma aunque yo… bueno, también me lo apliqué un poquito:

– Lo importante es tener a gente que te quiere, eso es lo importante.





Y volví a Madrid.





Cash






Pues para todos aquellos que nos imaginamos a veces que tenemos un novio en la imaginación… En la imaginación.




Pero sólo por tenerlo.





Por imaginar.










Como se puede ver en el gráfico, a mí cada día se me va peor imaginar.







Ay, no sé qué iba a decir.







Dirección

Una cosa que he aprendido estos días (increíblemente uno no pierde la capacidad de aprender cosas que te envuelven como una media de rejilla) es que, en según qué cosas, hay que ser directo.

Y sobre todo no andarse por las ramas.

Yo, que soy una pola andante.

Lo que me lleva a una de esas preguntas radicales:

¿Pola ou Pola?

¿”O” aberto ou “O” pechado?

Hay veces en las que el mundo se concentra en un garbancito.

La Sierra de Alabarracín

Pues cuando las cosas son feas.

Cuando se te cae la caja de cereales al suelo y se diseminan los copos como termitas bajo las tundras de la nevera, inalcanzables en su conquista mongol.

Cuando el chico que te gusta se aleja entre esa niebla que se te instala en la boca del estómago, en precisos momentos en los que sólo puedes hablar en mancos signos (de mierda)

Cuando todo se bambolea. Porque las cosas se bambolean de verdad. ¿Acaso no? Ondulan así para los lados produciendo el sibilante sonido de la uralita mentirosa.

Hay cosas feas como descubrir las tensiones entre las parejas, que se arquean y se encogen al son de un acordeón borracho que alguien toca con los dedos pegados.

Hay cosas feas como el desánimo, las desgana, los aviones que se caen y las duchas sucias.

Hay mañanas cerbatánicas que juegan a agotarte, porque tienes que agarrarlas por donde las cobras vivas, todo el rato esquivando sus embistes como si driblases un bebé afilado.

Yo sé que hay cosas feas. Las justas.

Después hay otras cosa feas que no sé y que no oso saber, y dios quiera que no sepa nunca.

Sea como sea, en cualquier caso, y por muy feas que sean las cartelas de Berlusconi, la grasa vitrocerámica, las noches en vela y ciertos enemigos.

Está Cecilia.

Anillos de Saturno

Pues estaba en el súper de marca Covirán (que me sigue dando mucha confianza, a pesar de la brillantina del Carrefour express que han abierto al lado de mi casa y del que otro día hablaremos), cuando en el sitio de las frutas un viejo más o menos bien vestido y solo, fue cogiendo uno a uno todos y cada uno de los paraguayos que había en la caja (qué dentera me da, la piel de esas frutas con vocación de libertador sureño) los toqueteó y después devolvió a su sitio. Sin comprar ni uno.

Eso, eso, eso y no otra cosa, es lo que me ha traído hasta aquí.

– ¿Hasta dónde?
– Hasta aquí. La empuñadura del cabalogrande.

Saquen ustedes sus propias filminas. Sobre los miedos, las cosas que se esperan y las luchas intestinas contra mi barrriga. Yo lo llamo, saben, el Síndrome del Tío Ramiro.

Pues mientras llega el tal tío Ramiro yo me dedicaré a vivir estrechito estrechito, que es el espacio en el que cabe un empalme.

Hace moito tiempo que no venía yo por el cabalogrande. No sé muy bien por qué. En serio. ¿Tengo cosas que decir, que pensar, que sentir? Supongo. Lo curioso es que no me importa mucho. Son cosas de las pastillas.

Bueno, a ver.

– Lo que más recuerdo de los últimos tiempos recientes es la total fascinación por la actualidad. Creo que me sorbe vivo, y ya no necesito mucho más. Claro que necesito que pasen cosas DE VERDAD, nada me aburre más que los incendios quemantes y los marchitos presos de la ETA. Estoy un poco decepcionado con este agostito esmirriao, reconozco. Yo desde Fukushima pido calidad en el pasmo. Pido cosas mundiales. Hiperbólicas. Magnififíficas. Y el previo verano me tuvo y me sostuvo a base de bien. Que me gustan unas cuatro columnas. La anchedad de ostras. Estoy superentretenido, pues ya saben, en las economías, los rescates, los plus ultra, los abismos, los precipicios, los cambios de rasante que se otean y que nos van a dejar un dolor de huevos estable, dentro de la gravedad. Ogh.

No voy a hacer aquí una análisis político de las cosas que han y están a punto de suceder. Mi Yo político (un señor con el que tendría un sexo frenético) creo que está cambiando de tendencia y dejándose llevar por las procelosas corrientes del descreimiento. Yo siempre he sido un grandísimo defensor de la política, de los políticos, de los partidos y del sistema. Lo sigo siendo (pienso en ello las veces que voy al gimnasio como a las ocho de la mañana y me encuentro allí al ex ministro Juan fernando López Aguilar, hecho una anguila enjuta, practicando una tabla de ejercicios frenética y carente de sentido), pero cada día que pasa hay tantas y tantas evidencias de que toda esta mierda tiene su origen en la trapacería, el nepotismo y la falta de talento… no hablo sólo de los políticos, sino también de los empresarios, y de la gente con poder y con capacidad de tomar decisiones que de una u otra forma afectan a la vida de los demás. No me creo que no haya nadie en este país con vocación, carisma y talento para Do The Right Thing a su alrededor. Pero lo cierto es que no se ve, no se ve, no se ve.

Yo tengo claro una cosa: el actual gobierno caerá por su propio peso y ná le pido (ay Fátima Bañez, Cabezabuque, cómo se puede ser tan lercha, tan lerda y tan víbora con ese cabezón… hay algo que no me encaja en ese yunque humano), pero le echo todas las culpas del mundo y de verdad creo que deben responder por sus actos los miembros del anterior zapaterísimo. Creo que un gobernante debe ser más inteligente, sagaz, atrevido, responsable, sensato, precavido y un largo etc que los conciudadanos a los que sirve. Tu puta obligación es ser más listo que yo. Porque tienes los medios para ello. Que hayamos llegado hasta aquí es una muestra de necedad e irresponsabilidad que la historia castigará, y es por ello que yo pido ya cuentas a los que por acción por omisión arrastraron el carro hasta aquí. Igual que cuando pensaba que no había decisión más crítica y definitoria del mandato de un gobernante que el haber decidido sobre la vida y muerte de las personas (en el caso de Aznar y la Guerra de Irak, por la que arderá en el infierno por mucha tableta de chocolate tras la que se ampare), creo que la responsabilidad de quien gobernó esto es radical. Radical. Sin justificaciones de entornos, internacionalismos, mareas vivas o la madre que parió a las chinches. Es tu puta obligación. Es tu deber. Y que hayamos acabado así sólo demuestra miseria de corto alcance.

Veremos.

Muchas veces pienso en ¿adivinen? yo. Mi Yo Persona Adulta (un señor con el que no tendría ningún tipo de sexo, pero al que cogería de la mano, como animándole) y mi responsabilidad en todo esto. Creo que tengo, junto al zapaterísimo, una gran culpa. Lo digo en serio. Yo he vivido por encima de mis posibilidades, me he dejado llevar y no he sabido ver más allá de mi frenillo. Fuego camina conmigo total III. Lo que quiero decir es que si es legítimo que proteste, denuncie y me intolere con cosas de las que yo a veces he participado. Por ejemplo yo he cobrado dinero sin haber preguntado su naturaleza, o sin haberme parado a reflexionar sobre la legitimidad vital de su adquisición, sólo por participar en una rueda de hamster de un absurdo que rozaba el histerismo. ¿Tengo derecho a demandar vitroclen cuando debía haber cogido las riendas y fomentar una autovida más justa en sus justos términos?

Jo. La verdad es que no lo sé. La vida es tan terrible y tiene tantos manchurrones de polvo que… aunque yo creo que sí, creo que hay que exigirse siempre ser mejor. Por muy cobardes de bote que seamos -que lo somos.. yo lo soy- creo que hay que ser un poco firmes, cerriles, decididos. Muchas veces, cuando se nos olvidan los principios porque estamos sin un duro o realmente cachondos, creo que hay que saber morderse el labio. Contar hasta diez. No todo vale. Hay muchas películas, libros y series de televisión que asombrosísimamente hablan de ello, yo lo flipo y me atengo a eso muchas veces cuando me admiro hasta los anillos de Saturno con la gente que apuesta apasionadamente por sus principios. No me refiero a ñoñerías morales ni nada de eso, sino a la gente que se juega DE VERDAD la tranquilidad de su entorno, los paseos de los domingos, las piscinas públicas, el sueño de sus hijos, las promesas de futuro, amar a alguien, su vida… por hacer lo correcto. Por hacer lo que está bien.

De verdad, pienso mucho en ello.

Estoy un poco moreno.

Las cosas raras que hacemos

Vamos a hablar de las cosas raras que hacemos.

Vamos a hablar de esos momentos que son como pasar la cara por una sábana tendida. El roce de tu cabeza contra la tela genera una tensión en la que se encuentra la única verdad que importa en esa blanca circunvalación. La única electricidad a la que tienes que hacer caso. Lo único que tiene sentido.

Lo raro que hacemos a veces cuando vas caminando y te desvías. A veces retas tu propia lógica y te dejas guiar por la barbilla.

Lo raro que hacemos cuando un pequeño palillo se inserta en tu vórtice para ser cuña, que fende y perfila desfiladeros supercirculantes. Todo lo que navegará por esas rías adquiere el aroma de las bateas con miles de mejillones enraizados empujados en una única dirección. Como el viento sobre la negra barba de un chivo judío.

Lo raro que hacemos.

El otro día (la otra noche) vi a alguien haciendo algo inspirado por la fiebre, a alguien absolutamente acogotado de deseo por otra persona. Me sorprendió mucho darme cuenta y verlo todo tan claro. Y concluí que la vida está aquí para tensar las cuerdas.

Yo no hago ninguna cosa rara. Ni siquiera la pienso. Soy normal como un berbiquí. Plácido.

Cantos






Pues subía yo por Montera (la calle fea que más me gusta del mundo) al lado del bar CIUDAD DE TUI (que tiene un camarero o no sé qué es que pone las sillas de la terraza a la hora en la que yo paso y es… cómo explicarlo… es como Naomi Campbell pero en tío gigante, acollonante) y vi bajar a un moderno con barba poblada y gafas de sol, en pantalones cortos, con flequillo y una especie de camisón holgado de colores espantoso y grotesco que lo primero que me hizo pensar, irreflexivamente, fue:






– A este tío le calzaba yo una hostiaaaa





Ese es el estado en el que estoy. Es mi mood.





Y es también la primera evidencia de la vejez.







Sea.







Medio año

Ha pasado medio año del 2012. Un año Dan-Up.

Un año en el que han pasado muchas cosas, rollo ninguna.

Una de las cosas que más hago en mi vida de persona es escuchar música. Unas diez horas al día. No sé si es muy pajillero decir esto, pero me viene bien. Y quiero decir, porque me sale de las pelotas, cuáles han sido las tres mejores canciones del medio año. Esas que me hacen levantar la cabeza y mirar para la pantalla como si en ella se fuese a dibujar un mapa, con las que chasqueo los dedos de una forma incontenible cuando estoy en el gimnasio, las que siempre echo de menos en las noches baturras de esta baturra ciudad:

NÚMERO 3:

HOORAY FOR EARTH – LAST MINUTE. Cada vez que escucho esos tambores creo que alguien va a venir a por mí y me va a prestar un birrete, un diploma y me hará entrega de unA pista libre. Una canción de sanidad futura, un poco preppy, un poco college, con un final coreo-gráfico mundial y antídoto a mis pesadillas, donde cabe todo aquello que puede que alguna vez queramos. Los vi en directo, ruidosos perdidos, y los muy capullos no la tocaron. Igual era demasiado grande para su pequeña resaca.

NÚMERO 2:

TRUST – SILK
Buah, me empalmo vivo con esta canción. La razón de ser de cualquier Kiss FM. Con ese Tumb Tumb Tumb Tumb Tumb Tumb Tumb estereofónico que va de un lado a otro y que me sirve para contarme los dedos como si fuese un linotipista. Indolente, moderna de ayer, sexy, sexy, sexy. A veces se me mete en la cabeza y me creo invencible. En el vídeo sale un señor Saab. Y también los vi en directo, molonamente. Jóvenes y guapos que hacen que piense que la gente de menos de 30 que conozco… ¿se puede saber qué coño estáis haciendo con todo?

NÚMERO 1:


NEW BUILD – DOY YOU NOT FEEL LOVED
Siempre lo digo. Me encantan las canciones que van de menos a más. Son un poco como yo, que siempre voy dejando que las cosas ocurran poco a poco, hasta que me las encuentro gigantescas en la puerta del baño. Así ocurrió un día con esta canción, que de no prestarle la menor atención de repente se apareció como inmensa. La letra es bastante ñoñis, pero qué me importa a mí lo que quieran decir las cosas de verdad. Yo sólo presto atención a lo que me guardo en los bolsillos.

Fields of gold

El otro día vi un documental (yo veo muchos documentales que me arrancan lejos, lejos , y hago míos con la intensidad del mango de una batidora) en el que hablaban de la belleza de los campos de té. Y eran efectivamente hermosos, así de un verdísimo ensanchado y cuadriculado, como un mantel gigante por la superficie de una corteza terrestre que más bien parecía un manto.

(Qué particulares son las denominaciones de los cachos de la tierra, como si fuesen capas de un helado de naranja).

Y decía que a vista de pájaro (mentira, debía ser una avioneta que no barata) era todo muy hermoso y vegetal, como un gigantesco edredón de musgo, en plan bien. Pero si te desperezabas del abrazo del sofá y te acercabas un poco a la tele como si fueses un inspector de hacienda, intentando rascar en los números ajenos, veías a aquellas pulgas humanas pequerreuchiñas hundidas hasta el pecho en esa especie de charco de teína, afanados, afanados, afanados en un esfuerzo ímprobo por coger todos los millones de hojas del té que les circundaban. Era como si tuvieses que coger toda la espuma del mar. Algo imposible. Un trabajo anegante.

Pero allí estaban, aquellos señores y señoras encharcados que componían una imagen bellísima, pero cada uno con su esfuerzo húmedo e imposible, directos a la conjunción del reúma. Venga a recoger hojas del té. Hasta el pecho.

Yo pensaba primero en las serpientes. Es un pensamiento que tengo. ¿Y no les dará miedo de que vengan las serpientes nadadoras y les muerdan las canillas? ¿Cómo ves venir una serpiente sibilina para la que supones la única novedad de su vida reptilínea? Es que te van a picar, aunque sólo sea por diversión.

Yo alguna he visto, circulando entre los vasos del Nasti.

La otra cosa que pensaba era en los ingleses. Putos ingleses, que con vuestra costumbre de las cinco estais provocando esta esclavitud reumática. ¿Cómo podéis soportarlo? El té debería estar prohibido, con lo barato e inútil que es.

Yo no soy de té.

Estoy viendo esta mañana las imágenes panorámicas gigantes del Orgullo Gey. Desde muy arriba, fiuuuu. Desde las terrazas de los ricos de la Gran Vía, por un suponer. Y componen una imagen bastante impresionante, bella y digna de una ciudad sin parangón en todos esos sitios en los que no he estado. Veo esas mareas humanas de color carne, moviéndose en vaivenes imantados, como los inmensos campos de las hojas de té cuando sopla la brisa… que tú siempre piensas que la brisa va sólo para un lado, pero en realidad hace remolinos y se contradice a sí misma, porque la vida es realmente caprichosa. Y en todo ese marasmo que yo celebro se me ocurre pensar en los recogedores de té, pequeños solitarios afanados y perdidos en ese mar paroxístico. Qué estarán pensado. Cuánto trabajo tendrán por delante. Y si el mundo está hecho para ellos.

Mira, la Gran Vía

No sé por qué pienso esto.